TIEMPO EN ALTO PARANÁ

Preservar la paz en nuestra sociedad es el desafío de hoy

Luego de tres años de cruenta guerra, un 12 de junio de 1935, se firmó en Buenos Aires el protocolo por el que se acordaba el cese definitivo de las hostilidades entre nuestro país y Bolivia, y se convocaba a la Conferencia de Paz a los efectos del correspondiente Tratado de límites que pusiera fin al conflicto bélico. Dos días después, se efectivizó el cese de fuego entre los dos ejércitos en el teatro de operaciones del Chaco.

A diferencia de otras impuestas por el vencedor al vencido, la Paz del Chaco fue digna y consecuente para ambos contendores, porque fue acordada por la razón y no por la fuerza. Bolivia tuvo que renunciar a un sueño de conquista de un territorio que jamás había ocupado, y el Paraguay retuvo lo que siempre fue suyo. La aventura bélica del país del Altiplano de “pisar fuerte el Chaco” –al decir de su belicoso presidente Daniel Salamanca– costó a las dos naciones, a la sazón las más pobres de la América del Sur, más de 70.000 muertos y duradero colapso político, económico y social.

Al evocar emocionados y con épico orgullo el sacrificio de nuestros héroes que en condiciones de inferioridad numérica y de medios lograron recuperar nuestro Chaco del poder del invasor, debemos redireccionar nuestro sentimiento de patriotismo valorando efectivamente la hazaña por ellos protagonizada en condiciones límite de esfuerzo humano. A propósito, nos encontramos actualmente en el umbral de la historia de ver partir a la eternidad a los últimos de ellos. Las generaciones del porvenir ya no tendrán el privilegio de que nosotros gozamos, en el sentido de poder contar entre nosotros con algunos pocos de estos héroes que, como reliquias vivientes, son dignos de nuestra reverente consideración.

Pero, aun cuando todos nuestros excombatientes de la Guerra del Chaco hayan pasado a mejor vida, su recuerdo debe permanecer en la memoria colectiva de la nación como norte y guía de patriotismo intemporal. Inevitablemente, con el paso del tiempo, el concepto de identidad personal de las generaciones cambia. Pero ese fenómeno sociológico no debe llevarnos a los paraguayos a una amnesia de nuestra épica historia como nación. Aunque por suerte no tengamos que confrontar más agresiones armadas de países vecinos, no por eso nos veremos libres de desafíos internos coyunturales que en cualquier momento puede requerir nuestro concurso para defender los valores e ideales de nuestra sociedad libre y democrática.

Así como nuestros combatientes de la Guerra del Chaco –al igual que sus contendores bolivianos– ansiaban la paz en medio del fragor de las batallas, así también nosotros debemos mantener la vocación de paz en nuestra sociedad, más allá de las efervescencias políticas, los quebrantos económicos y las desigualdades sociales, buscando siempre resolver los problemas con un sano espíritu nacionalista. Para no perder esa identidad nacional de paraguayos y paraguayas que justificadamente nos enorgullece ante el mundo, es necesario que tengamos siempre un punto de referencia en nuestro pasado.

Por esa razón, al conmemorar un retazo estelar de nuestra historia, como lo es la conmemoración de la firma del protocolo de paz que puso fin a la Guerra del Chaco, no debemos permitir que las diferencias de visión que cada uno de los paraguayos y paraguayas tenemos de los problemas que afectan a nuestra convivencia como sociedad y la mejor forma de resolverlos, nos arrastren a la confrontación política o social violenta. Con el vivo recuerdo de la memoria de nuestros héroes de dicha contienda, a toda costa debemos empeñarnos en preservar la paz en el seno de nuestra sociedad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COTIZACIÓN DEL DÓLAR

USD1
Estados Unidos Dólar. USA
=
7.556,41
PYG 0,00%
0,92
EUR +0,04%
5,60
BRL +0,01%
924,13
ARS 0,00%
40,30
UYU 0,00%