TIEMPO EN ALTO PARANÁ

Falta de infraestructura hace que lluvias “colapsen” a las ciudades

Una vez más, las lluvias pusieron al desnudo las falencias estructurales de Ciudad del Este y distritos vecinos. Cada vez que se produce un evento natural como los temporales de los últimos días, se registran raudales, cuantiosos daños materiales, calles y avenidas colapsadas y con sistemas semafóricos afectados; cortes de energía eléctrica, interrupción de las actividades laborales y sociales habituales, preocupación y miedo generalizados.

Si bien las de estos días descargaron una considerable cantidad de agua, lo cierto es que con cada precipitación mediana a intensa se ve el mismo panorama: torrentosos raudales, barrios anegados, redes cloacales y de desagüe saturados y un tráfico imposible. Las tormentas más copiosas simplemente hacen colapsar la ciudad, demorando o deteniendo la normal actividad de los ciudadanos. Se han registrado muertes incluso debido a los raudales que se forman con el agua caída, nada más y nada menos que en la capital del país, Asunción.

Conviene detenerse en uno de estos aspectos a fin de profundizar en sus circunstancias. La formación de raudales, por ejemplo, obedece en parte a la topografía de nuestras ciudades, caracterizada por pendientes, declives y cauces de confluencia. Este tipo de terreno favorece la aparición de caudalosos y rápidos cursos de agua que, en ausencia de vegetación o rocas, como ocurre en las ciudades, corren sin obstáculos volviéndose muy peligrosos. Ya son muchas las vidas que se han perdido debido a los raudales que pueden llegar a transporte miles de litros de agua en cuestión de pocos minutos de precipitación. De hecho, una joven se salvó por poco el otro día, cuando fuera arrastrada por los raudales en pleno centro de la capital departamental.

Otro factor, esta vez producido por la acción humana, propicia también la formación de raudales. Se trata de la pavimentación de las calles sin una estructura de desagüe eficaz. Al impermeabilizarse el suelo, el agua no puede filtrarse y la acumulación y el volumen se tornan mucho mayores. La pavimentación de calles y avenidas debe ir unida a la construcción de una red de desagüe que conduzca el agua por debajo del nivel del suelo en forma segura hasta desagotar en el río. En torno a este asunto es necesario además mencionar una costumbre extremadamente perjudicial de una parte de la población que arroja la basura a las calles, taponando las bocas de tormenta.

Contribuye a ello también la existencia de numerosos «vertederos clandestinos» de basura que es arrastrada hasta los desagües. Los municipios deberían combatir estas prácticas con la mayor energía porque además de causar las dificultades ya mencionadas son un foco de enfermedades y alimañas. Es mínimo el alcance de los desagües en CDE y resulta inexplicable que se apruebe la construcción de grandes edificios de oficinas y de departamentos –que proliferan hoy en nuestra ciudad– y la pavimentación de nuevas calles sin que esté garantizada la deposición de las aguas de lluvia.

Por distintas razones, se tiende a dar mayor importancia a las iniciativas más notorias y de impacto paisajístico, pero se dejan en el olvido proyectos que si bien no tienen el brillo ni la visibilidad de los mencionados, pero que son absolutamente necesarios para un crecimiento ordenado y para el bienestar de la población, como el desagüe pluvial y el alcantarillado sanitario.

La ciudadanía espera de las autoridades municipales, departamentales y nacionales una labor coordinada para hallar una solución definitiva a este problema que se arrastra desde hace mucho tiempo.

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