TIEMPO EN ALTO PARANÁ

Combatir a los que operan como clientes de ladrones y estafadores

Días pasados se logró la detención de Elías Samuel Sánchez Ríos, quien era buscado por la Policía Nacional desde diciembre del año pasado, a causa de varias denuncias por estafa a casas comerciales, con mercaderías por alto valor. El joven está sindicado como responsable de al menos tres hechos grandes de estafa. La primera fue a la firma Sueñolar, de donde retiró un televisor de la marca LG de 75´, que tenía valor de G. 10.000.000. El televisor fue negociado en una casa de empeños por G. 4 millones.

El mayor golpe fue el 19 de setiembre, cuando llamó a la empresa Inverfin SAECA del barrio Don Bosco de Ciudad del Este y dijo llamarse Miguel Aponte, solicitando 20 acondicionadores de aires a ser retirados por un fletero. Desde la empresa le entregaron 19 y pagó con un cheque robado del banco Atlas.

Sobre estos casos, hay que llevar en cuenta que, si el Gobierno quiere acabar con la supervivencia de la delincuencia, principalmente de la delincuencia marginal, debe acabar con el negocio en negro desmantelando aquellos comercios que operan en la clandestinidad, compran y venden sin facturas legales y se han convertido en los clientes por excelencia de los dueños de lo ajeno.

Nuestro país está minado de minitiendas, quioscos, casas de empeño hasta galerías importantes con ofertas de todo tipo de tecnología, celulares, electrodomésticos y últimamente incluyéndose también las compraventas de los cables secuestrados a los usuarios de electricidad y telefonía. Atacar estos comercios clandestinos e ilegales es clave para desarticular a los marginales.

Ya es una situación que lastimosamente se ha normalizado el hecho de ver que para saciar alguna adicción o generar un poco de dinero para salidas, fiestas, farras los malhechores despojan de sus pertenencias a gente trabajadora. Todo vale al momento de hurtar y esto afecta principalmente a la ciudadanía más desprotegida que, en medio de su difícil realidad, otra vez son perjudicados en lo poco que tienen.

El robo de celulares, cables, electrodomésticos son los objetos de robo más prácticos para los marginales. A un poco más de nivel son hurtados también frecuentemente bicicletas, motocicletas y vehículos. Todos estos bienes mencionados, secuestrados a sus respectivos dueños se venden y se exhiben con absoluta impunidad en los comercios hasta por internet, las redes sociales que se han vuelto verdaderas tiendas para ventas en negro. Estos nichos de negocios, productos de substraídos, deben ser perseguidos por las autoridades y los organismos de seguridad.

Hay que cortar el esquema de negocio en negro que se surte de los ladrones y estafadores. No es posible que sigan contaminando el mercado con objetos robados. Las autoridades y quienes pertenecen a las filas de la Policía como a otros organismos de seguridad tienen conocimiento de la ruta que sigue el negocio delincuencial, casas comerciales, locales de empeño y préstamos, aceptan bienes robados y no preguntan por el origen de la mercadería.

Hay que obstaculizar el negocio de estos marginales. Esto significa trabajar en concienciar a la población a no seguir siendo cómplices de sus robos comprando de sitios informales o casas comerciales donde se sabe bien que la mercadería es robada, ya que la venden a precios con los que resulta imposible competir, y por el otro lado se requiere que la estructura del Estado actúe para desarmar esta logística del crimen.

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