TIEMPO EN ALTO PARANÁ

Inacabable corrupción policial, un cáncer que corroe a la institución

El comandante de la Policía Nacional, Crio. Gral. Cmte. Gilberto Fleitas, comentó que casi 25 uniformados han sido separados de la institución en lo que va del año por diversas faltas.  El alto jefe policial comentó que en lo que va del año han sido separados de la institución uniformada casi 25 agentes por “inconductas”, una cifra que el año pasado ascendió a 50. Más allá de los pasos tomados por la Policía para purgar sus filas, son frecuentes las denuncias sobre agentes policiales involucrados en hechos delincuenciales.

El pasado viernes, una mujer mató a un asaltante que ingresó a su vivienda en la localidad de Mbuyapey, quien resultó ser un oficial inspector de la Policía Nacional. También con relación al asesinato de un ciudadano suizo, ocurrido días pasados en la localidad de Escobar, hay un oficial de Policía involucrado y detenido. No olvidemos el terrible escándalo protagonizado el viernes último por agentes policiales de un puesto policial del barrio Santa Ana, quienes raptaron, torturaron y extorsionaron a un menor de 16 años.

El comisario Fleitas reconoció que es importante mejorar los mecanismos de control interno en la Policía y adujo que hizo esfuerzos por fortalecer el trabajo de los investigadores de Asuntos Internos de la institución y brindarles todo el apoyo necesario, lo cual evidentemente no ha sido lo suficiente y cabe al nuevo Gobierno adoptar medidas que puedan optimizar los controles internos en la Policía.

Por otro lado, sería un significativo error intentar resolver la actual epidemia de violencia aplicando controles policiales aleatorios, barreras y mayor presencia policial. Puede que a una parte de la ciudadanía le parezca una buena solución coyuntural, pero no dejará de ser eso: una medida paliativa, o aún peor, un curita en una herida grave. Es hora de que las autoridades acepten que esta situación que se ve como descontrolada es la lógica consecuencia de una falta absoluta de políticas públicas que encaren el complejo problema de manera interdisciplinaria e interinstitucional.

Dentro de la difícil pero impostergable tarea de depurar a profundidad el cuadro policial, se debe incluir la instalación de filtros y sistemas de evaluación sicológica y siquiátrica, que deben aplicarse al aspirante y también a los agentes en servicio en forma periódica.

Esperemos que el presidente Santiago Peña, el ministro del Interior Enrique Riera y demás autoridades que asuman el 15 de agosto, sean conscientes de la gravedad de la situación y puedan obrar en consecuencia, por el bien de toda la población.

Una meta primordial del nuevo gobierno debe ser recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones encargadas de otorgarle resguardo y de proteger su integridad y sus bienes. Para ello es fundamental proveer a la Policía de los equipos y de la tecnología apropiada, pero es más urgente aún emprender una guerra frontal a la corrupción interna. Un paso evidente en este camino es fortalecer instancias como el Tribunal de Calificaciones y el Departamento de Asuntos Internos. Asimismo, la Policía debe impulsar una reforma profunda en la formación profesional, técnica y ética de sus nuevos integrantes.

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