TIEMPO EN ALTO PARANÁ

Desempleo, pobreza y corrupción, cóctel fatal para cualquier gobierno

Al asumir el cargo, en agosto de 2018, el presidente Mario Abdo prometió una mayor justicia social en el país. Sin embargo, a casi tres años de aquel discurso, la sociedad paraguaya no ve las señales de que la política económica redunda en beneficio de la mayoría. Desde el Gobierno cantan victorias sobre una exitosa proyección económica, pero no se visibilizan las estrategias para hacer que el crecimiento del PIB se traduzca en mejores ingresos laborales y mayor calidad del empleo.

Por si fuera poco, tampoco hay una clara decisión por controlar la corrupción. A pesar del endeudamiento no hay medicamentos, situación que se suma a la lentitud de medidas para penalizar a autoridades y empresarios que trataron de sacar ventaja personal a la emergencia sanitaria.

Este contexto tan adverso no ayuda a la economía. Las buenas perspectivas económicas previstas para el año 2021 pueden verse afectadas por la falta de confianza ciudadana y la inestabilidad política y social que se manifiestan cada vez con mayor fuerza. Las manifestaciones populares son la mejor señal de que el país está convulsionado debido a la mala gestión de los servicios de salud y la crisis económica que afecta a la mayoría de la población.

El malestar ciudadano es cada vez mayor debido a la incapacidad de las autoridades de gestionar políticas públicas que beneficien a todos, además de permitir vergonzosos actos de corrupción. A ello se agrega un endeudamiento cuyas consecuencias serán sufridas en el largo plazo.

El crecimiento económico en 2021 no solo debe ser capaz de proveer los ingresos necesarios para la sobrevivencia cotidiana, sino que además debe garantizar las consecuencias negativas de 2020. Muchas familias perdieron empleos, se endeudaron o tienen cuentas pendientes en los servicios públicos, por lo que este año será fundamental para tratar de ponerse al día y no trasladar el daño al 2022.

De continuar la pandemia, la situación económica se agravará para mucha gente. De manera directa, afecta a quienes se enferman y a sus familias ya que se pierden días de trabajo por el aislamiento y las familias deben recurrir a gastos de salud que no están previstos en los presupuestos.

El miedo al contagio además limita muchas actividades económicas. A pesar de la apertura económica, el sector turístico y el gastronómico permanecerán deprimidos no solo por la menor demanda sino también porque ciertas actividades son altamente riesgosas para el contagio, por lo que a nivel mundial están restringidas.

La posibilidad de que el crecimiento económico proyectado para el 2021 redunde en beneficio de la mayoría depende de buenas políticas económicas y de la confianza ciudadana. El Gobierno tiene un rol central en ambos aspectos, pero ya no es seguro que pueda hacer algo al respecto, ya que los manifestantes se muestran inflexibles y exigen la salida del presidente y del vicepresidente.

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